sábado, 15 de noviembre de 2008

Las bicicletas son para el verano


Es mucho mejor estar triste en verano, porque en invierno nadie se entera de que lo que estás. A efectos sociales apenas hay diferencia entre no salir porque tu mundo naufraga o no salir porque lo que naufragan son tus botas en los charcos callejeros. Y dada la poca repercusión que está teniendo el hecho de que estoy deprimida, he decidido continuar estándolo. Estando en crisis me puedo permitir comer todo el chocolate que quiera, llamar a mi ex favorito, ser un poco tirana en casa y no depilarme. No tengo porque devolver las llamadas del móvil que no me apetecen, así que ahorro para los gastos de lana ya que en este propósito mío de ocupar mis horas bajas en algo útil, me ha dado por tejer más de media docena de bufandas imposibles de regalar.

Lucía dice que esto mío no es depresión, y tiene razón, la depresión es una enfermedad terrible. Esto mío es mal de amores sumado a la falta de sol y de emociones. Tendré que ir pensando en el Caribe o en un curso de paracaidismo, aunque al final lo que hago es seguir pensando en Pablo.

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